Érase un hombre que sufría como pocos en este mundo. Las jaquecas continuas le doblegaban hasta impedirle mantenerse en pie. El dolor era intenso y sólo cesaba planeando y ejecutando uno de sus rituales.
Una vez ha decidido quien será la víctima a sacrificar, le hace un seguimiento digno del mejor aspirante a Hércules Poirot y espera el mejor momento para asaltar a su presa. Normalmente escoge a mujeres de fuerte atractivo, cuanto más bellas mejor para aplacar el dolor.
Ahora tiene a su víctima desnuda, postrada en una camilla de enfermería, dentro de su repugnante cubil, bien sujeta por sus extremedidades y su cuello. Se inicia el ritual del dolor: áfila diez pequeñas estacas que clava en los dedos de pies y manos de la desgraciada señorita de turno, por debajo de los uñas, al estilo oriental, pasándose así del dolor psíquico al dolor físico. Se deleita contemplando el fluido rojo que brota de cada dedo.
Con un cúter que podríamos adquirir en cualquier papelería, comienza a realizar cortes por todo el cuerpo de la mujer, lo suficientemente profundos como para que la carne se abra a su paso. Al contrario de lo ocurre con las perfectas líneas marcadas en las areolas de los pezones de la mujer, en las cuencas de los sus ojos o en la comisura de sus labios, los cortes sobre el cuerpo de la mujer son totalmente anárquicos, como si los produjera un viento caprichoso y afilado.
LLegó la hora de preparar la salsa: alcanza la sal y la vinagre y decide aderezar las heridas de la desdichada mujer con el oro blanco y el ágrio fruto del vino. La chica, se rompe con el dolor.
Sin mayores dilaciones, él decide poner fin a su sufrimiento. Eleva su katana hacía la luz de la vieja araña y de un golpe seco asesina el dolor de la triste hembra, seccionándole el cuello… su cabeza cae al suelo.
Él tampoco sufre, su dolor tambien ha siso asesinado con el acometimiento de la espada japonesa.
Voverá a actuar cuando sus jaquecas le indiquen que es el momento y entonces repetirá el rito de sangre, dolor y muerte. Otros se toman una aspirina…
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Con lo glamouroso que quedaba el cuter, porque añadir una catana?? XPP
Muy bueno, extrañamente no terrorifico, pero genial.