Alguien escucha

“Alguien escucha” está inspirado en un comentario que alguien que no parecía en sus cabales nos dejó en Psicohumor: “Conoce la hora de tu muerte” y es un relato de ficción.

Alguien grita en el apartamento de enfrente “Morir es lo mejor, quiero saber la hora de mi muerte, hijos de puta” y estalla una risa enfermiza y paranoica. Agazapado tras las cortinas puedo verla, a ella y a sus amigos.

¿Morir es lo mejor? ¿Es tu necio grito de rebeldía o realmente te sientes desesperada? ¿Es un juego macabro con tus amigos o has escupido tu verdad más profunda? Me da igual, no suelo entrar en esas sutilezas de las circunstancias en que se dice.

¿Morir es lo mejor?
No, cielo, matarte será lo mejor porque lo que me importa es lo que hay tras tu ansia de saber cuándo, que no es poder gozar de ese instante fugaz o agónico, sino un miedo incontrolable a algo que no me has deavelado, y tampoco me molestaré en descubrirlo.

Tu miedo me alimenta, tu vida no vale nada, ahora me pertenece, me quedo con los despojos de lo que a ti no te satisface, en ellos encontraré yo mi deleite y no seré abominablemente cruel contigo por el inconsciente candor con que me ofreces tu existencia, al haber encontrado la clave de tus palabras. Ya sabes lo que es el miedo, no tendré que enseñarte sobre eso.

Te estoy esperando en el banco de abajo. He perdido la noción del tiempo, sintiéndome afortunado por haberte encontrado, mi dulce princesa, por haber escuchado tu llamada sin necesidad de salir en tu busca por toda la ciudad.

Ya sales, con esos pobres desgraciados que te desmerecen, mi pequeña iniciada al sufrimiento. Entre risas y algarabía tu amigo cierra la puerta torpe y escandalosamente, tu amiga tambaleándose se apoya en ti:
- Qué dessshhhcojone tía
- Al Richar lo capa su madre como se entere
- Pues como se entere el padre “van a haber hondonadas de ostias” – añade tu amigo.

Echáis a andar mientras las risas se os van apagando y me acerco sin apurar demasiado el paso.
Te toco la espalda y te digo: ésta es la hora de tu muerte. Al girarte tu cuello acaricia la hoja de acero y un chorro de color rubí se dispara hacia mi pecho, que recibo como sagrado bautismo extendiendo mis brazos en cruz.

- ¿Vosotros también queréis saber la hora de vuestra muerte? – pregunto a tus amigos. Ladeo la cabeza a derecha e izquierda y veo miedo en sus rostros.

Publicado en  on Abril 29, 2008 at 9:00 am Comentarios (1)
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Un Comentario Leave a comment.

  1. Como relojero no tendrías precio, de verdad.
    Me ha quedado un tanto tocado esta entrada, hasta que punto nos preocupa la muerte, que nos acaba llevando directamente a la falta de vida.
    Muy sutil.


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