
El cerdo parece que ya ha soltado bastante sangre, ahora hay que despiezarlo. Busco la llave de mi cuarto de herramientas, cojo la sierra Charriere. Primero, seccionar la cabeza, no me gusta verle el careto a los fiambres cuando hago esto. Maniática que es una. Además, un cuerpo sin cabeza es una de mis estampas preferidas, totalmente impersonal, un pedazo de carne sin identidad. Un torso con ese color indefinible de la muerte… no puedo dejar de admirar su cruenta belleza.
Empiezo a cortar un brazo, cuando la sierra topa el hueso, comienza ese extraño sonido ris ris … me saludo en el espejo con el brazo de Berto:
- Hola don pepito, hola don José…
Joder que se me resbala, con estas tonterías siempre dejo todo hecho un asco, pero es que si no, es taaaan aburrido…
Y ahora las piernas, empezamos por arriba, el fémur y luego:
- Te corto la tibia y el peroné. Cortando, me paso el día cortando…
Bueno, ya está más o menos troceado. La cabeza al congelador. Los cachos medianos a la olla… los pies son un asco, parece que estoy metiendo una bota peluda en la cazuela. A los trozos más gordos hay que quitarles bastante carne y músculo, y esto lo voy metiendo en la turbomix. Las manos, cortando los dedos y la palma a la mitad, también entran bien. Hoy no me va a dar tiempo a acabar con todo, maldita sea, si es que ya lo sabía.
Empiezo a recoger mientras se acaba la cocción. Los pedazos que aún no he tocado a la nevera, para mañana, la papilla pardusca de la turbomix al inodoro. Una limpieza rápida al baño. La carne ya debe estar hecha, la trincho, sí parece que está. La saco, le echo agua fría para no quemarme y la envuelvo en albal.
Ays qué tarde, por dios, todo para la nevera, que llego tarde al gimnasio.



























Tiene gracia, mientras ibas por la cabeza yo ya estaba tarareando la canción de Alaska. Pero tu mira con quien se casa, si es que en algo raro tenía que estar metida ¬¬