Mi marido se marcha a una de esas convenciones de empresa en las que se reúnen todos trajeados y afables vendiéndose la moto, y luego se corren unas juergas de impresión para cultivar sus contactos y amistades pompa de jabón mientras corre el whisky de malta.
Esto me cabrea.
Pasará tres días fuera.
Eso me quita el cabreo.
Como me ha avisado con antelación, tengo tiempo para planear algo, además me apetece algo de creatividad en el desprestigiado arte del asesinato. San Google y yo somos una fuente inagotable de recursos. Son unos días de lo más emocionante, mis neuronas a tope, click, click se suceden las pantallas y voy absorbiendo la información. La crueldad no deja de alimentar mis retinas y, por fin, hallo la respuesta en educarchile.cl. Sí, la educación es muy importante.
Convertida en Cristina Montenegro, negros cabellos, negros ojos y alma negra, me dirijo a los bares de la zona de Palomares. Con el punzón y el escoplo en el bolso, me entrego a la noche y empieza el proceso de búsqueda, ¿caerá alguien en mis redes?.
Pensé que iba a ser un largo y penoso protocolo éste, pero al final se revela de lo más simple. Los seres humanos de sexo masculino son propiamente gili-pollas, porque piensan con estas últimas. No es un tópico, lo acabo de verificar empíricamente.
Me pido un copazo y acodada en la barra la jauría empieza a rondar. No se atreven todavía, podría estar esperando a alguien. Me voy a contonear un poco a la zona de baile, seguida de ojos inquietos, lascivos y famélicos, les voy a demostrar que este territorio no está marcado. Empiezo a cimbrear sensualmente las caderas, alguno se me arrima y prácticamente acabo cercada.
Eso me cabrea: yo soy el cazador, no la presa, gruño entre dientes.
Otro copazo en el rincón de la barra. La noche transcurre y varios lo intentan pero son demasiado zafios o resabidillos. Llamadme caprichosa pero ya he visto lo que quiero: solo, borracho y con pinta de angustiado existencial.
Se establece contacto visual. Luego disimulo. Las subsiguientes miradas son las que cuentan. La definitiva, con la cabeza inclinada como si mirase al suelo, levanto sólo los ojos. Me mira imperturbable. Esbozo una sonrisa. No puede evitar sonreír al final y desvía la mirada, mientras se pasa la mano por el pelo. Pero, acto seguido, vuelve a mirar con una sonrisa casi desafiante si no fuese por esa timidez que le delata. Sosteniendo el cara a cara, agito mi copa vacía. Duda un segundo y viene hacia mí:
- Hola, qué tal ehhh estooo ¿te apetecería tomarte otra copa conmigo? – dice acabando por bajar la mirada
- Sería un placer, pero me vas a obligar a que yo te invite a otra …
- Haré de tripas corazón – me contesta llevándose la mano al pecho y poniendo cara compungida.
- Y qué haces por aquí, tú sola – Me pregunta tras pedir las copas, sin darse cuenta, incauto, que lo tengo calado.
- A veces, el mundo se te cae encima, se te hace insoportable y tienes que salir a respirar… Eso hago respirar – y exhibo una franca sonrisa cargada de sosiego y mundos por descubrir.
Me mira fascinado, asintiendo.
- Te comprendo perfectamente.
Perteneciente al conjunto de relatos “Cristina Montenegro, asesina en serie”
Continúa en Asesinato con copas y punzón




























muy buena readccion… adoro el sentir …aun cuando uno esta con un incesante desceo de eliminar…. salir y exterminar….. …. por casualidades termine con este texto … el cual nunk me habia sido nombrado……
me encanto …gracias por exponerlo….
obviamente terminare de leer el libro completo^^
byebye
SaYaKa
@ Sayaka:
Muchas gracias, me alegro de que te haya gustado y espero retomar en breve la historia de Cristina Montenegro.