Empieza a venir el calor y se me hace más insoportable la presencia de la gente normal a mi alrededor. Mi estado se agrava cuando tengo que subir en el ascensor con otras “personas”.
Esta mañana, sin ir más lejos, subió conmigo uno de esos adolescentes guarros, con pelo largo y grasiento, corte de pelo “me-suda-la-polla”, camiseta ajustada y pantalones vaqueros caídos. Olía como el desecho que era, acorde con la sudoración de sus partes.
Cuando el elevador nos transportaba por el tercer piso no pude resistirlo más. Agradecí llevar conmigo mi taladro con la batería recién cargada. Con mucha parsimonia abrí mi maletín y saqué el instrumento de mi liberación. El puto niñato me miró extrañado, circunstancia que aproveché para dedicarle la mejor de mis sonrisas y hundirle la broca de mi taladrador en la cuenca de su ojo derecho.
No me importaba que la sangre salpicara mi traje, para algo el regente de mi lavandaría habitual es un ex-convicto que acostumbra a no hacer preguntas. Una vez hundida la broca hasta la empuñadura, cual estoque de matador de toros, agarré al fulano y le di la vuelta, para proceder así a colocar la punta de mi “estoque” sobre sus cervicales, aprentando con fuerza, con lo que el desaseado niñato de los cojones cayó al suelo del ascensor como el plomo.
En esa posición, me desboqué y dirigí mi taladro aleatoriamente por su cabeza y todo su cuerpo. De un pequeñó tirón hacia abajo, le baje los pantalones y unos boxer que contenían la defecación del proyecto de yonqui y, seguidamente, le taladré el glande causándole un agujero demasiado ancho para colocar un piercing.
Cuando el ascensor llegó a su destino, pasé directamente a la lavandería, me desnude por completo y el mancebo dependiente me entregó el “traje de cortesía” habitual en estos casos. Por algo dejaba buenas propinas.
Una vez aseado y con traje nuevo, entré en mi despacho, dando los buenos días y sin poder quitar de mi cabeza el pensamiento de que el mundo era mejor con un guarro menos.




























ohhh si… misantropía… empiezas a caerme excepcionalmente bien.
La foto del Resplandor de Kubrick y la acción a lo Mr Brook de Evans. Es que me salió el espíritu borgeano que sostiene que todo se reescribe, y en el caso de Uds. para mejor
Sublime.
A cuántos de nosotros se nos habrá pasado por la cabeza lo que describes en tu relato cuando nos encontramos con un desconocido en el ascensor.
Luego la cosa se queda en dar los buenos días o comentar el tiempo que hace…
Tienes un premio en mi blog (quinta entrada), por tu estilo personal.
fantásica reflexión-actuación de un sociopata con problemas de erección, es como una versión de House en serieB y sin peliteñidas por medio.
Esa sangre… porque tiene historia, si no todas mis ofas hubieran ido a la pintura roja mediocre.
un saludo!!!
Cualquiera se cruza contigo por la mañana pronto… xD Habrá que ser precavido y llevar un destornillador eléctrico por si acaso…
¿Me puedes dar el número de esa lavandería? XD
Estimado Kalifer, el número de la lavandería es 666 999 666.
Pregunta por Azrael.
[...] En el ascensor III: el crimen del guarro [...]