Besos con sabor a whisky y a tabaco. Luces alucinógenas, en la esquina de un bar, con música desbocada saboteando las palabras. Te lanzas a por mi boca que te recibe esquiva pero expectante y curiosa de lo que tus labios han aprendido en mil noches como ésta.
Te voy dejando hacer mansamente, frente a tus ganas y tu furia que desde hace tiempo te rondaba por la cabeza.
- Me moría por besarte – confiesas
- Tráeme otra copa y cuando vuelva del baño, hablamos sobre eso
De lo que digo, sólo zumban en tus oídos copa y promesas. Besos que te crees robados y no son más que besos del pecado.
Introduces tu lengua en mi boca pero es la mía la que te devora, que no te da tregua, hasta dejarte sin aliento. Se recrean húmedas y se funden en abismos de lascivia . Tus manos empiezan a marcar mi silueta arrinconada, como me tienes, contra la columna. Empiezan a desplazarse hacia los rincones y voluptuosidades que todavía te están vedados.
Te muerdo suavemente el labio y te susurro, no te precipites. Tu mirada flameante de deseo, me taladra y te pregunto:
- ¿Te gusta mandar? – En realidad no pregunto, afirmo. Y te giro dejando ahora tu espalda sobre la columna. Te agarro las manos y tu boca se lanza nuevamente a por la mía, me cuesta sujetarte, pero ahora me toca jugar a mí, que te esquivo quedándome a dos milímetros de tu piel, tu respiración se agita y eso me enardece todavía más. Te sueltas y me agarras la nuca, besándome aún más profundamente arrasado por la locura del deseo y yo por la de la insensatez.
Te vuelvo sujetar las manos e inquiero: ¿Quién manda? Te rindes: Tú mandas. Firme en la columna, nos bebemos otro trago y me invitas a que comience el segundo asalto agarrádome de la cintura. Me recreo en tu cuello, lamiéndolo, besándolo, comiéndomelo a bocados hasta alcanzar tu barbilla y sumergirme de nuevo en tu boca. Ya no puedo frenarte, tus manos acarician mis pechos, intentando colarse en mi top, alcanzando mis pezones, me sabes electrizada por tus caricias y me aferras todavía más brutalmente, nuestros cuerpos se pegan irresistiblemente, sintiendo centímetros de piel desnuda, ansiosa y perlada de sudor.
La música cesa de pronto en el bar y las luces casi nos alcanzan en nuestra esquina recóndita de la columnata. Es como un turbio despertar que maldecimos entre dientes, agarramos las copas y nos encendemos un cigarro.
- Te voy a follar – me dices
Te miro con una sonrisa socarrona, desafiante.
- Mira como me tienes – dices sin pudor, llevando mi mano hasta tu entrepierna. Me topo con tu miembro enhiesto, duro, de considerables proporciones…
Pues tenían razón todas esas guarras que decías para querer montárselo contigo, ángel de la perdición, a pesar de todas las mentiras que me has contado, en tu ebriedad arrogante. Piensa mientras paso la mano con fruición y descaro.
Sé que no debería estar aquí contigo, por tu fama y en mi locura, pero ¿quién puede resistirse a las palabras de humo, a lo prohibido, a los besos con sabor a whisky y tabaco, a los besos y caricias del pecado?
Ven conmigo, ángel de la perdición, te llevo al matadero, al fin y al cabo, soy Cristina Montenegro.
Perteneciente a la serie de relatos “Cristina Montenegro, asesina en serie”





























Yo fumo dos cajetillas diarias, bebo güijqui y tengo un poco más de clase que el amigo de Cristina. Oh, creo que soy la realidad que supera la ficción. O fricción
Me gusta como escribes, te pongo en el blogroll
@ socioapatia:
Te correspondemos y te leemos
ala que poca vergüenza, sois una panda de degenerados. A mi me gusta más besar ranas ejem
@ Drenas
Bésame
Firmado: una rana desesperada
muaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Jo, curiosamente, el mismo día que comentaste en mi blog ya había caído en el tuyo. Muy bonito, me recuerda al spacemonkey.tk, algo que para mi es excelente.
Saludos
Iros a un motel!! Buenísimo e inspirador. Licos de melocotón con vozka, después de eso puedes besar hasta a una rana (en honor de Drenas).