La niebla cayó, como cayó el manto de la noche sobre el pequeño cementerio rural. En todas las ventanas del pueblecito arden velas recordando, indicando con su luz a las ánimas el camino de regreso al hogar. Para Julia todo cambió hace un año.
Ella volvía de camino a casa, tras recoger a sus padres del aeropuerto. Su primer viaje del Imserso. Las Islas Canarias. Una experiencia que nunca olvidarían en toda su vida.
Lástima que les quedara tan poco tiempo… Fue tan sólo un segundo: un conductor embriagado, que posteriormente daría 1′26 en el control de alcoholemia, invadió la calzada con su destartalada Ford Transit. El coche de Julia dio cien vueltas de campana. Ella no llevaba puesto el cinturón y salió despedida del vehículo a través de la luna delantera nada más recibir el golpe.
Menos suerte tuvieron sus padres, los dos murieron agarrados de la mano, presos de sus cinturones de seguridad. Para algunos, Julia volvió a vivir ese día. Para ella, aquel fue el primer día de su muerte.
Tras secarse las lágrimas evocando aquel infausto recuerdo, Julia agarró la escopeta de caza de su padre. ¡Cuánto se había empeñado aquel hombre en que nunca la cogiera!
Hundió su boca en el cañón y apretó el gatillo con serenidad y con la seguridad de que las almas de sus padres vendrían a por la suya esa misma noche.
































