Hacía ya casi dos años que Sonia trabajaba para mí como secretaria administrativa y, la verdad, estaba contento con ella. Trabajaba bien, atendía mis recados y gestionaba correctamente las llamadas, además de tener un cuerpo meditarráneo con sugerentes curvas, proporcionado, a pesar de los dos jugosos melones cientoincalculables que sus padres le concedieron por pechos, con una cara de niña y una larga melena morena que a veces le tapaba sus claros ojos azules.

Dadas sus características y, porqué no decirlo, las mías, a los seis meses ya follabamos en cualquier sitio en el cual nos sugería la lujuria que lo hiciesemos, desde la sala de reuniones, hasta los servicios de cualquier oficina o establecimiento público u hostelero.
Pero como todo lo bueno suele ser breve, alguien propagó el infundado y falso rumor de que sólo me estaba aprovechando de ella (lo cual no es del todo mentira), no la iba a renovar el contrato y la pondría de patitas en la calle (lo cual es del todo punto incierto), no sin antes haberme despedido de ella con unos cuantos polvos salvajes (esto, fijo que sí). Más tarde me enteraría que un “estimado compañero” de profesión, presa de celos al sufrir el rechazo de Sonia a sus ridículas pretensiones amorosas, se encargó convenientemente de que ella pensara la eficaz y cachonda secretaria tenía los días contados.
La infeliz y despechada Sonia me abordó un día en el ascensor y, llena de rabia, me planteó que, o bien la hacía indefinida, o bien, acudía a la policía con su sexo rasgado por un bate de beisbol y rebosante del semen que había congelado tras recuperarlo de mis condones usados.
Ante esa disyuntiva, como no podía ser de otra manera, la dije que tenía pensado desde hace tiempo no sólo hacerla indefinida, sino pedir su mano a sus padres y casarme con ella. Sonia, sorprendida, se lazó amis brazos y me besó apasionadamente. Le arranqué su sujerente top, dejando al aire el par de tetas más glorioso que había trabajado para mí. Mientras devoraba tan delicioso manjar, mis manos bucearon entre sus shorts y mis dedos comenzaron a acaraciar suavemente su clítoris.
Aproveché su primer orgasmo para preguntarle quien le había dicho que no la iba a renovar. Cuando oí su nombre supe que me desharía de él en cuanto tuviera oportunidad. Con toda la furia que me sugería el momento de rabia, le arranqué esta vez los shorts y las bragas y la penetré con cierta violencia, lo que pareció excitarla aún más, pues tras unas pocas acometidas volvió a correrse escandalosamente.
En ese momento, aprovechando su parcial relajalación, la volteé y comencé a follármela por detrás. A pesar del placer que me estaba proporcionando, no podía dejar de pensar que me estaba tirando a una mujer que había intentado hacerme chantaje, así que agarré mi cartera, saqué mi machete tipo sable rojo traído de mis últimas vacaciones en las Islas Galápagos y lo estrené cortando sus pechos de raíz de una sola pasada.

A pesar de que la zorra se desmayó al instante, la reanimé lo mejor que pude y, antes de que se desangrara, la penetré por detras con el arma ecuatioriana, dejándola posteriormente caer en el suelo sobre un océano rojo.
Al instante fui a abrir las puertas del ascensor, cuando, para mi sorpresa, a la entrada se encontraba el “querido compañero” que había confundido la mente de Sonia. Horrorizado y paralizado ante la visión que tenía enfrente, no dudé en hacerle una incisión en “V” y, tirando del pico, agarré todas las vísceras que pude y las dejé caer al suelo. Cuando le corté la cabeza sus ojos conservaron una expresión de sorpresa e incredulidad.
Otros relatos de la serie:
En el ascensor II: sexo y asesinato



























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Ya dice el refrán que nunca metas la polla donde tienes la olla, que luego pasa lo que pasa
Cuán sabio es el refranero español.
¡¡Oh!¡Qué ceativos!!
¿Y la reina del blog, ónde andará?
Qué vicio tienes, muchacho!!!
¡Qué bello es el mes de julio para estar de bloguista de guardia!, ¿no?
Estamos 3 más y yo deseosas de ver la siguiente patochada que cuelgas demonio de pacotilla (es que esto está ya sin comentaristas ni nada)
A ver si lees los posts, sin masturbarte con las fotos, y te dejas de pamplinas.
Deberíais escribir un libro sobre fidelización de trolls, se os da como hongos jajaja.
Este no me ha gustado, no puedo consentir que alguien nos robe a la comunidad masculina una mujer así… por cierto, como se llama la de la foto¿?
PD: me ha encantado el corte en V
Todo llega, compañero, por candidatos a entrar en el libro de los Trolls no va a quedar. Va a haber más personajes que en la trilogía de “El Señor de los Anillos”.
El alter ego de Sonia se llama Ewa Sonnet y es modelo y cantante polaca, además de ostentar un alto ranking en imágenes y vídeos en google y en youtube… está rica, ¿eh?
Gracias hermano, intentare colgar algo sobre ella en breve, antes de que Kalifer le otorgue el honor de ser pancetera
Estaré esperando tu post como agua de mayo.
Esto está la mar de capa caída.
¿Por dónde andará la Psicodeliriante?…¿en un manicomio con una cura veraniega?
Besucos
asi que vuelves a estar libre en el mercado para el resto de tias??
Libre, como un Taxi libre.