Ahora, tambien somos Premio Dardos

Desde el sitio de Martha Colmenares, se nos ha concedido un nuevo premio a añadir en nuestra colección: el Premio Dardos.

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Agradecemos a Martha este reconocimiento que nos honra y prometemos seguir trabajando haciendo maldades y merecer otros muchos más.

Publicado en on Julio 12, 2009 at 9:14 pm Deja un comentario
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Homenaje a “El Ente”

Ángela vivía con sus dos hijos menores en un acomodado barrio residencial a las afueras de la gran ciudad. Tenía la ventaja enorme de trabajar desde casa con su portátil, lo cual le permitía compaginar fácilmente la vida profesional y familiar.

A pesar del traumático divorcio, Ángela se encontraba feliz y completa… hasta que empezó la pesadilla: al principio eran cosas que cambiaban misteriosamente de sitio o que, simplemente, desaparecían, pero pronto los objetos se desplazaban por el aire ante la mirada atónita de toda la familia.

El auténtico horror llegó con la noche de San Juan. Hacía un buen rato que había acostado a los niños y ella misma se dirigió a su hablitación buscando reposo. Mientras se desmaquillaba frente al espejo, una fuerza terrible la presionó contra el cristal, mientras unas manos invisibles palpaban todo su cuerpo, sin el menor asomo de ternura.

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Manteniendose en la misma posición, su vestido y sus bragas volaron por el dormitorio y sintió que aquello la penetraba con brutalidad. Las embestidas eran cada vez más potentes. Estaba siendo violada con la agresividad propia de un fiera salvaje. El dolor era insoportable y sus gritos lo atestiguaban. Mientras, los niños dormían.

A la mañana siguiente, contó a su amante lo sucedido. Lo peor de todo para Ángela fué escuchar de la persona a la que más quería, después de a sus hijos, que le iba a recetar tranquilizantes y antidepresivos, los cuales debía tomar todos los días. -Por qué coño me enamoraría de un psiquiatra!-pensó la víctima.

Pero a los tres días la pesadilla se repitió: Mientras se encontraba en la cama intentando conciliar el sueño, algo invisible le retiró cuidadosamente la sábana que la cubría. Cuando Ángela abrió los ojos sintió ya sobre su cuerpo el peso de “aquello” y esas ásperas manos aplastándola sus pechos.

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Entre lágrimas, cansancio y dolor, el ente venció la resistencia de Ángela, que, impotente, contempló como sus bragas se hacían jirones y no le quedó más remedio que dejarse penetrar tanto por su sexo como por su ano, sin que aquella cosa se frenara, a pesar de la abundante sangre que bañaba la colcha.

Las violaciones se repetían varias veces por semana mientras el novio de Ángela agilizaba los trámites para internarla en su prestigiosa clínica y mantenerla una buena temporada en observación. Entre tanto, a los dos meses de empezar las violaciones, durante la noche, nuevamente la sábana cayó al suelo y “eso” se fue entregando a su depravación. Cuando Ángela abrió los ojos era demasiado tarde. Ella misma había llegado al orgasmo en ese mismo momento. Su cansancio no la permitió esta vez despertarse cuando empezó la vejación.

Al mes siguiente, cuando ingresó en la clínica, Ángela a penas pesaba cincuenta kilos y su aspecto era desolador a cualquiera que fueren los ojos que la mirasen. Ningún tratamiento parecía hacerla mejorar en su estado y la psiquiatría no ofrecía en aquella época mayor solución que el adormilamiento y la enclaustración en celdas “por su seguridad”.

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Ángela se convirtió en un ser sin voluntad, visitada asiduamente por “él”. Ya no gritaba, ni siquiera hablaba con los doctores ni con las enfermeras. Su ex-novio había rehecho su vida con otra mujer y Ángela nunca supo que,  tres meses antes de su ingreso, su ex-marido había sido asesinado de modo salvaje en prisión mientras cumplía condena por un delito continuado de maltrato a su ahora orate esposa.

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La Visita

-¿Adrián?, ¿estás ahí?

-Sí, sí, buenas noches. Pasa, no te quedes a la puerta.

-Te lo agradezco, Buenas noches.

-Hace ya tiempo que te esperaba. Necesitaba hablarte de muchas cosas.

-Bueno, pues ya estoy aquí. Date prisa, no tenemos mucho tiempo.

-La vida no me ha tratado mal desde la última vez que nos vimos. Supongo que Rosana no puede decir lo mismo, ¿no?

-Rosana esta bien, mejor de lo que crees.

-¿Crees que podré verla algún día?

-Eso no depende de mí. Pero dime, ¿de qué quieres hablar?

-Tras el accidente, pasé por una depresión terrible. Me acostaba en la cama y no me levantaba hasta bien entrado el día, dormía y me despertaba al poco rato, no tenía apetito y llegué a perder más de veinte kilos, no quería ver a nadie, ni siquiera a mis hijos. Pasé por un infierno.

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-¿Cómo conseguiste salir de esa situación?

-Mis hijos no tenían mucho tiempo para mí, apenas acudían a visitarme y nunca venían con los niños. No querían que los pequeños me vieran en aquel estado. Supongo que querían evitarles pasar por un mal trago, tan jóvenes. Al menos hablaban con mi hermana.

-Los padres de ahora son demasiado protectores. Los niños tienen más miedo y menos recursos para afrontar… lo que venga.

-Como te decía, Laura, tras conocer de mi enfermedad, se trasladó a vivir conmigo. Me obligaba a llevar un horario para todo: A las doce o la una nos acostábamos, a las siete nos levantábamos y, tras una buena ducha, desayunabamos. Luego salíamos a dar un paseo por el parque. Nos hacíamos tres o cuatro kilómetros todas las mañanas. Después de hacer la compra, preparábamos la comida juntos, poníamos la mesa y nos metíamos un buen almuerzo en el cuerpo. En verano, nos permitíamos echar una corta siesta. Al poco rato, dado que ella había adquirido bonos para las piscinas municipales, todas las tardes nos hacíamos unos largos, cada día uno más. Luego veíamos alguna película, en el cine, en DVD o en Internet, cenábamos, un poco de lectura y a seguir la rueda.

-Esa rutina te sacó de la otra, ¿no?

-Así es, en un año me había recuperado notablemente y me encontré con fuerzas para reincorporarme en mi puesto de trabajo. Los hijos ya venían a verme con mis nietos. Incluso muchos días me los dejaban en casa, para poder ellos hacer sus vidas, trabajar más, o salir de vez en cuando con amigos.

-Bueno, la verdad, sí que pensé que debía venir a verte, pero…

-Mejor que no hubieras venido, prefiero que me veas tal y como estoy ahora. Satisfecho, feliz, sin miedo. Y con las cosas atadas, como me aconsejó el abogado.

-Bueno Adrián. Ya es la hora, debes venir conmigo. Te están esperando.

-¿Puedes hacer algo para que pueda ver a Rosana, aunque sea un minuto?

-Como te dije, eso no depende de mí.

-De acuerdo, vámonos. ¿Sabes? Tu rostro no me ha abandonado en estos años. Debí decírtelo aquel día: Eres incluso más bella que ella.

-Te sorprendí, ¿verdad? Como sabes, tengo mala prensa, ya que mi rostro refleja el corazón del que vengo a recoger. Tu mujer tenía buen fondo, como lo tienes tú. Por eso me ves así… y sin guadaña!

Tras incorporarse, La Muerte tomó la mano de Adrián y ambos desaparecieron de la habitación.

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Puta locura

El que un día fue Gran Pornoautor, apodado “El Chivi”, dedicado actualmente a qué sabe nadie, compuso este tema cañero a la vez que delirante y cargado de energía positiva.

Desde nuestra multinacional “Psicodelirium Productions” nos llega este espléndido vídeo que hace aún más grande el éxito de esta coplilla.

Esperamos que os guste y, si no es así, siempre podéis poneros un vídeo de Alex Ubago.

Publicado en on Junio 24, 2009 at 12:17 pm Comentarios (2)
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